Aprender a ser humano

 


Normalmente escribo sobre las penurias y los acontecimientos que dejan huella en mi vida. Escribo desde mi alma desnuda, porque es la única forma que conozco para sentir y liberar lo que me habita. La escritura ha sido mi refugio, mi respiración, mi manera de sostener el peso de existir. Pero últimamente se me ha hecho difícil escribir… y no solo eso: también levantarme, emocionarme con algo, encontrar esa chispa que antes me movía. Quizás, cuando uno empieza a cuestionar su existencia —el actuar de los otros y, por reflejo, el propio—, todo comienza a desmoronarse.

¿Cómo se sobrevive a la experiencia de volverse humano? Sentir empatía no es fácil. Porque al hacerlo, el alma se abre y empieza a mirar el mundo a través de la historia de otro. Quieres sostenerlo, contener su dolor, pero si te dejas arrastrar demasiado, te desvanece el peso. Y entonces descubres que nadie sabe realmente cómo sostenerte a ti.

Pobres almas sin propósito, que vagan por el mundo con el tiempo entre las manos y los sentimientos revoloteando, como navegantes perdidos ante un horizonte que no promete tierra firme.

¿Qué implica ser humano? Quizás, en el lecho de la muerte, la humanidad se revela en su forma más pura: el miedo a lo desconocido, a lo que no tiene retorno, al perdón que no llega.

Vivimos una vida tejida de juicios y egoísmos, persiguiendo lo que se nos ha dicho que da sentido: el éxito, la aprobación, la estabilidad. Corremos tras un espejismo que mueve un sistema entero. Pero ¿y si no fuera eso? ¿Y si la respuesta a nuestra gran incógnita estuviera justo aquí, en este preciso instante, en lo que lees, en aquello que se escribió desde la vulnerabilidad más humana?

Sé que soy solo uno más en este vasto mundo de pensadores, un ser que apenas roza el sentido de pertenencia. Y, sin embargo, mi existencia significa algo.
Importa. Porque puedo reconocerme a través de otro, puedo sentir, puedo amar, puedo caer y volver a intentar.

Y en este camino —lento, incierto, pero profundamente vivo— sigo aprendiendo a ser humano.


Comentarios

  1. Quizás tan sólo es vivir como si fuera tu último día y no hablo de hacer locuras, hablo de humanidad. De sentir como si fuera el último, de escuchar a quienes más quieres o a quienes nunca se les dio oportunidad de ser escuchados como si fuera el último, de dar un abrazo real como si fuera el último. ¿Cómo sentirías si este fuera tú último día? ¿Si fuera tú último día al rededor de los que más quieres o si fuera tú último día en el lugar que más adoras estar, te importaría el resto? ¿Te importaría si su energía no fluye con la tuya? ¿Te importaría lo poco empáticos que podemos llegar a ser los humanos?
    Cada respuestas a esas preguntas son personales, pero la mayoría responde que no, no le importaría y no es por ser egoístas, es porqué realmente esos valores o sentimientos siempre son individuales y eso no significa que no te importa el resto; eso significa que independiente de lo que el resto haga siempre serás tú, que nunca cambien tú esencia. 🤍
    Extrañaba tus escritos, un beso y un abrazo apretado mi buen escritor.

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    Respuestas
    1. Sentiría melancolía por los recuerdos de aquella vida que atraviesan mi memoria: una mezcla de emociones al reconocer mi memento mori. Ese torrente de adrenalina emocional sería inevitable y, al mismo tiempo, completamente incierto.

      Si me detengo a pensar —si hoy fuera mi último día—, ¿debería amar todo lo que me rodea, sin importar el contexto o las personas presentes?
      La muerte, en esencia, es caos: remueve las emociones y la vida de quienes quedamos, y resulta incomprensible para quien parte.

      Mi punto es que, al no conocer el momento de mi muerte, debería aprender a mirar con amor, a gestionar mis emociones de modo que la existencia se vuelva un acto placentero y consciente. Quisiera alcanzar ese grado de conocimiento que me permita sostenerme a través del vínculo.

      Por eso, sí me importa todo lo que se relaciona con la empatía humana. Porque, desde mi perspectiva, todo está conectado: incluso la interacción más pequeña puede ser profundamente significativa para otro.
      Al final, la realidad es subjetiva, pero lo único que verdaderamente nos une es la comunicación —esa forma invisible de encuentro que nos enseña, nos educa… y nos humaniza.

      Es un deseo que llevo dentro: que la humanidad logre evolucionar y comprenda que la verdadera evolución —más allá de la tecnología— está en la comunicación.
      Porque es ella la base de toda sociedad; y la forma en que nos comunicamos con un otro deja una huella profunda, casi invisible, pero eterna en la historia.

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    2. Tienes razón. De todas maneras, en resumidas cuentas, a eso iba con que no pierdas tu esencia por el de al lado, lamentablemente en este mundo siempre hay dos lados y últimamente cada vez somos o son menos humanos, pero que eso no cambie tú linda forma de querer que el mundo sea. Por desgracia, no todxs tenemos la misma visión y que eso no sea un impedimento para seguir creyendo en un mundo mejor. Un abrazo y mucho ánimo para seguir batallando.

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