Un día para ir más lento
Cuando quise ponerme los audífonos, uno no funcionó. Me
frustré. Respiré hondo y seguí, caminando con música en un solo oído. Decidí ir
más lento hacia el metro. Caminé sin prisa, con esa sensación de vacío que no
me suelta.
En el vagón, las lágrimas comenzaron a salir solas. No
quería llorar. Tenía que llegar bien al trabajo. Pero no podía evitar pensar,
en cuánto necesito un abrazo.
Al salir del metro, elegí las escaleras mecánicas. No tenía fuerzas para subir las otras, como acostumbro. Caminé al trabajo despacio. Sin ganas de seguir mi ritmo habitual. Hoy no es un buen día, y lo único que puedo hacer es darme tiempo, porque hoy me cuesta sostenerme… y no quiero derrumbarme.


Ánimo amigo, pronto estarás bien!
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