Navío
No espero nada; pero solo tu presencia ha de llenar el lugar.
No soy nada y, aun así, siento pertenecer a alguien.
Como un pescador pesca sus peces, tú has pescado mi soledad y la has convertido en un navío para navegar en un mar de certidumbre de lo que llaman amor.
No soy marinero, pero con tu consuelo puedo navegar sin pesadillas y sin recelo.
¿Cómo he de explicar al cielo la forma en que mis ojos te ven para que no sientan celos?
Quizás con un canto, con un silbido o declamando este intento de poema al viento, pidiendo que esto sea eterno.
Corazón, hemos tomado esta aventura y hay que zarpar. Solo tengo el navío que me has ayudado a construir y el recuerdo de un suspiro que hemos de escuchar en las noches de altamar.
No fantaseo con navegar en un clima perfecto porque el mar es impredecible. Pero en cada marejada tomare tu mano y me aferraré a esa ilusión de llegar a puerto.
No soy marinero, pero con cada marejada he de perder el miedo, y así como un viejo capitán, he de estar preparado cada vez más para una próxima dificultad.
No tengo nada, no soy nadie, pero al estar junto a ti corazón, me hace sentir lo que en mis versos he tratado de explicar; dichoso por tenerlo todo.


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