Reencuentro
Cuando sientes que debes tener un viaje para reencontrarte contigo mismo, ahí, en ese mismo instante es cuando tocas fondo. Hay muchas cosas que te pueden llevar a querer tomar un tiempo, pero sinceramente si sueles ser el baúl que guarda y guarda cosas, ya sean de los demás o de ti mismo, probablemente sientas que necesitas desconexión del mundo. Para mí, darme cuenta de que ya no estaba bien, no fue muy difícil, ya que, mi mente y mi corazón no estaban en armonía; mi corazón alocado por una ilusión de amor, que potencialmente nunca daría resultado, solo una amistad con una espina que se incrustaría cada día más y más por no poder expresar el sentimiento que sentía, ni mucho menos poder besar sus labios. Mi mente siempre tan sabia y astuta en momentos de “crisis”, simplemente me decía: es lindo tener una amistad tan pura, pero nunca debes involucrar sentimientos, porque al momento de hacerlo le das la facultad a la otra persona de poder influenciar en tus estados de ánimos. Para algunas personas quitarse de la mente a un amor o una ilusión es demasiado fácil, pero cuando tu mente te pide ver o sentir al menos 5 minutos a esa persona, estas perdido y sabes que costara demasiado olvidar.
Para ser sincero el salir a un viaje solo me aterraba, no suelo estar solo, porque me da mucho tiempo para pensar y no sé a qué me llevaría eso. Recuerdo que navegaba por Internet y encontré un lugar llamado “Lago Rapel”, se oía bastante llamativo así que llamé a dos amigos, los cuales en cuanto les dije que los necesitaba, no dudaron en decir -Si, yo voy contigo-. No negare que me lleno de emoción al saber que puedo contar con amistades en mis aventuras o en este caso en mi viaje de sanación. Cuando ya arribamos el bus, íbamos conversando, disfrutando del paisaje, asimilando que el viaje había salido de la noche a la mañana y sin planearlo. Una vez llegado a nuestro destino, nos bajamos del bus, pero algo andaba mal, no era el lugar que les había dicho que iríamos, después de unos minutos me percate que había comprado los boletos hacia otro destino, fue bastante cómico la verdad, sin más preámbulo decidimos tomar un taxi hacia donde habíamos acordado, pero para poder llegar a ese lugar nos pedían mucho dinero, más del que habíamos pensado. Fue en ese momento en el que el chofer del taxi nos dice ¿Por qué queríamos ir hacia allá? siendo que donde estábamos había unas playas hermosas, no lo dudamos ningún segundo y nos dirigimos hacia allá. Cuando íbamos de camino el chofer del taxi nos iba relatando historias, además el chofer nos ofreció ser nuestro guía turístico, lo cual fue muy acogedor para nosotros y novedoso porque lo hizo sin ningún costo adicional. Nos detuvimos en un mirador, era precioso, la playa se veía en una inmensa armonía y la briza costera susurraba mi nombre. Siguiendo con nuestro viaje, el chofer nos llevó a conocer su casa, debo admitir que los tres estábamos un poco asustados, ya que quizás no estábamos tan acostumbrados a la hospitalidad o simplemente por el hecho que pensamos que era un asesino en serie y nuestra aventura terminaría en la casa de un taxista. Pero él solo sentía soledad, no tenía familia o con quien hablar y nos pudimos percatar de ello. De vuelta a nuestro recorrido por Matanza (es el nombre de la playa a la cual fuimos) el taxista nos dejó en la playa, fuimos en seguida a comprar los pasajes de regreso, para asegurarnos de no quedarnos sin asientos en el bus, luego de eso los chicos fueron a comprar cosas para comer y yo recorrí la playa en busca de un lugar para poder armar la carpa, una vez ahí instalado corrí hacia las olas del mar; sentir el golpe de las olas, esas vibraciones, esa sensación de ser parte de algo gigante, sentir que estaba vivo por debajo y encima de esas aguas, fue increíble… Se me hacen pocas las palabras para poder describir tal sentimiento. Al caer el sol y entrando en el crepúsculo, comencé a danzar al ritmo de las olas, era como si me hubieran estado esperando todo ese tiempo, mis pies volaban sobre la arena y mis pensamientos se hallaban en lo más profundo del mar. Acampar en la playa es una experiencia tan única que hay que vivir y mejor si se es con una buena compañía. La luna fue mi amante aquella noche, nunca había sentido tal conexión, no hay nada más placentero que estar acostado en la arena a las 3 de la mañana con las estrellas alumbrando una noche que aclamaba ser eterna. Quizás era mi destino llegar ahí, estar en ese lugar, apreciando toda esa belleza y llenándome de lo que quizás en alguna vida yo pertenecía. De vuelta a la tierra, conectándome con el ahora, dejando de soñar en el mañana y enterrando el ayer, me encuentro ahí, en la orilla de playa, dando las gracias por haberme llevado hasta ahí y disculpándome por tener que regresar. Una vez ya sentado en el bus, con el boleto en mano, una promesa en mente y un deseo en el corazón, me sentí listo para poder volver y vivir el momento como si estuviera danzando al ritmo de las olas.


Me alegro mucho que pudieras reencontrarte contigo mismo y que poco a poco seas el de antes, ilusionarse por un amor imposible, (lamentablemente no va a ser el ultimo), no dejes que tus sentimientos te "controlen" y si esa persona no te pesca, no sabe lo que se pierde.
ResponderEliminarEstuvo muy buena tu aventura, creo que cualquiera hubiera tenido miedo con un taxista así , pero nada mejor que acampar en la playa con tus amigos, ver un atardecer y luego una noche estrellada, ojala hayas aprendido de esta experiencia <3 <3 y en estas situaciones siempre es bueno estar acompañado de los amigos.