Un gran amigo

La incógnita más grande del humano ¿Habrá vida después de la muerte?, es más confortable creer que sí, nos da la esperanza de que las personas que amamos están para nosotros en algún lugar cuidándonos. Creo que el momento más difícil es cuando llega la hora de decir adiós, aunque quizás sea en vano, ya que, nunca podrán oír nuestras palabras, ni mucho menos sentir un último y cálido abrazo. Pero aquí estoy, escribiendo y despidiéndome. ¿Aún me recordarás o al menos todos esos momentos que vivimos juntos, cuando saltabas a mis brazos y te sostenía como a un bebe? ¿Aún recordarás esas tardes que pasaba hablándote y me mirabas?, tu mirada decía: tranquilo, aquí estoy y te amo; la mirada más sincera que podré contemplar. Me arrepiento de tantas cosas, cosas que pude haber hecho, momentos que pude haber pasado contigo, demostrarte todo el amor que te tengo.
Nunca conocí a mis padres, es un vacío que es difícil de olvidar… Recuerdo una vez cuando era pequeño, había llegado llorando a casa de mi madrina, donde no había nadie más que tú para consolarme, te comencé a contar todo, tu solo me escuchabas, me mirabas y lamias mis lágrimas. Estaba muy triste porque me habían molestado en el colegio
-Los niños que no tienen padres o tienen alguna dificultad a la vista son el blanco perfecto de las burlas-. Sé que me amabas, no podías hablar, pero lo sentía. Si alguien me pregunta del 1 al 10 ¿Cuál fue el momento más doloroso de mi vida?, sin duda diría que fue la vez que te encontré muerto. No podría poner en palabras todo el dolor y tristeza que sentí aquel momento. Fue tan fuerte verte tumbado en mi cama con una pantufla en el hocico, tener que levantarte, tomarte entre mis brazos como la primera vez, solo que esta sería la última. En este momento, escribiendo esta carta se me vienen tantos recuerdos, tantas risas... aún no puedo creer que te hayas ido. Es difícil pensar en un mañana sin gritar ¡Devuélveme mis pantuflas!, eran grandes días cuando estabas junto a mí, eran momentos irreemplazables los que pasaba contigo, tus celos cuando acariciaba a otro perrito, cuando traía a alguien a casa y le ponía más atención. No sabes lo importante que fuiste para mí, no sabes que es sentir toda una familia en cuatro patas. Creo que el momento más agobiante fue cuando me di cuenta de que el tiempo y la vejez estaban pasando por ti, ya no eras el mismo, no corrías como antes, te agotabas más rápido, ya no mordías mis pantuflas, solo te quedabas ahí en la cama mirándome con esa mirada de "Te amo" y con una pantufla en el hocico. Aún recuerdo tu último día, fue hermoso, jugamos hasta tarde, corrías como nunca, hasta me escondiste una pantufla. Mi perrito, mi más fiel amigo de aventuras, mi mejor amigo, mi familia… lamento todos los días que no pude sacarte a pasear, por esa vida que te merecías, por todo eso y muchos más. Pero gracias, gracias por estar conmigo hasta el final, gracias por todos los días recibirme feliz, gracias por darme tanto amor y cariño. Ahora me despido y pongo fin a esta carta, con algunas lágrimas sobre el papel y con la pantufla que me habías escondido. Adiós, te amo y gracias por ser el mejor amigo.

Que fuerte leer esto... El corazón de me estremece ����
ResponderEliminarQue triste es saber que pronto pasare por esto, ten entiendo prefectamente
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